cabina 18

Lunes 26 de abril de 2010, por visitante57 (Fecha de redacción anterior: 1 aC).

Estoy viviendo un sueño donde amanece cuando menos me lo espero. Las voces castrantes que retumban cerca de mis tímpanos me obligan a despertar. Me levanto en la calle, desconcertado y me pongo en el camino nuevamente. No se trata de seguir sino de volver.

El regreso parece mas tranquilo, pero en realidad me enfrento a lo mas peligroso, porque siempre ahí sucede que te das cuenta que tan lejos ya estabas. Los coches pasan a mi lado mientras me chupo los labios partidos, el sabor a sangre me hace saber que he dejado de ser un dios.

Tengo dos opciones: detenerme en cualquier lugar y cerrar los ojos nuevamente, o seguir caminando mientras el fuego en mis pies me mantiene despierto. Las aves reales ahora vuelan sobre de mi y me observan con desprecio; yo les devuelvo la cortesía con el hastío que me producen, no me interesa ser una de ellas. Por ahora todo lo que importa es buscar los poemas perdidos en un bote de basura.

Todos mis huesos están rotos pero tengo el remedio, solo debo internarme nuevamente en mi cuarto de azotea, buscar mi viejo radio, encenderlo, quedarme sentado allí mientras vuelve a llegar la noche. Si es que aun me quedan noches.

Giro la perilla para sintonizarme en un sitio donde canciones hay cortas, hay canciones largas, aburridas, tristes, y memorables; pero lo que mas me excita saber es que en este momento únicamente yo conozco la frecuencia. Acerco la oreja lo mas que puedo y sin embargo ya no escucho con claridad que pasa; solo distingo la voz fatigada y un poco ronca del locutor, posiblemente le jode estar esperando en la cabina a que el teléfono vuelva a sonar. ¿Quién madres va a llamarlo si no permite complacencias?

Hubo varias ocasiones en que una llamada entrante parecia prometedora, pero de nada sirve ser optimista. Suena, descuelga, un silencio breve y enseguida una aclaracion que anunciaba: numero equivocado.

Hoy mismo tomare el teléfono, cruzare mi voz con la suya, voy a interrogarle y tendrá que responderme en vista de que soy su único espectador, no puedo evitar cuestionarle porque, a diferencia mía, el nunca duerme. Que hace en los momentos mientas espera en vano una mísera llamada.

El locutor no tiene nombre, no tiene rostro, solo lo llamo “el pasado”, no me importa quien es, lo que me importa es que esta allí, sus discos están tan polvosos que ya no todos funcionan, los que se salvan se escuchan mal; tienen un audio sucio, descompuesto, pero que finalmente me mantiene quieto en una silla abrazando el radio, mientras la sal brota de mi sangre.

Las canciones viejas son las que mas me gustan no porque nadie las recuerde y eso me conceda el derecho a apropiarme de ellas, sino porque también así se perdió mi juventud.

2 Mensajes del foro

  • cabina 18 26 de abril de 2010 17:26, por RoamarublA

    me gusta, por que cada párrafo puede leerse individualmente como un texto aparte sin perder su integración con los demás.

    Responder este mensaje

  • cabina 18 12 de mayo de 2010 16:57, por ZyD

    Técnicamente esta bien realizado, lo que realmente me parece formidable es la capacidad de describir tan certeramente... sigue haciendolo... muchO :D

    Responder este mensaje

Comentar este artículo