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Círculos del cuerpo violentado en Saló: Una semiología total de la realidad

Miércoles 12 de marzo de 2014, por Antonio del Rivero

Julio, 2013

Círculos del cuerpo violentado en Saló: Una semiología total de la realidad “El lenguaje cinematográfico no expresa, pues, la realidad a través de un cierto número de signos lingüísticos, sino a través de la propia realidad”

Pier Paolo Pasolini, 1970

"Si ves Saló... merci de ne pas dégueuler” La obra de Pasolini incluye poesía, narrativa, dramaturgia, ensayos y por supuesto una vasta y reconocida obra cinematográfica. Este italiano egresado de la Facultad de Literatura de la Universidad de Boloña (1939) fue testigo de los horrores de la guerra de ocupación nazi fascista. Pasolini pasó parte de su adolescencia en la República Social Italiana, llamada por muchos historiadores la “República de Saló” o “República Social Fascista de Saló” Estado creado por Mussolini (1943 -1945).

En su filme Pasolini transpone la novela de Sade (1785), a la Italia de Mussolini y crea Saló o las 120 jornadas de Sodoma, filme sobre el fascismo y una alegoría de la sociedad de consumo: una serie de metáforas de lo que el poder hace del cuerpo humano, su mercantilización y su reducción a una cosa. En el filme son cuatro los autores intelectuales del secuestro de unos jóvenes, y del diseño del reglamento dentro de un castillo (totalitario y anárquico) donde se someterá a las víctimas a todo tipo de vejaciones. Los cuatro autores intelectuales representan un ala del poder: el duque (poder político), el obispo (poder eclesiástico), el magistrado (poder judicial), el presidente (poder ejecutivo).

“Nada es más anárquico que el poder. El poder hace lo que quiere y lo que quiere es totalmente arbitrario o dictado por sus necesidades económicas que escapan a la lógica común” Pasolini 1975 La forma en la que estructura el filme, nos recuerda la división dantesca del infierno, el cual a través de círculos acomodados a manera de espiral, iba colocando a los pecadores. Entre más adentro se encontraba el pecador, más grande había sido la falta. Es así, como Pasolini en Antesala del infierno establece la captura de las víctimas y lectura del reglamento mediante el cual se establecen las normas que les harán posible a los personajes principales, la manipulación de los cuerpos de los jóvenes, su degradación y reducción a fetiches. Luego, el Círculo de manías, donde las pasiones simples representan metáforas del ejercicio del poder, sometiendo cuerpos por medio de actos violentos. El Círculo de la mierda contiene pasiones complejas instruidas por los valores alienantes y falsos: los valores del consumo “[en la sociedad de consumo] los productores fuerzan a los consumidores a comer mierda… dan cosas adulteradas, malas… los quesos robiola, los quesitos para bebé… son todas cosas horribles que son mierda” (Pasolini, 1975) La última parte es el Círculo de la sangre en donde las pasiones criminales, marcan el fin del descenso a los infiernos, una representación de las partes más oscuras del ser humano. Esta última parte del filme es particularmente terrible ya que al final de los círculos, se pueden ver una serie de escenas en las que se muestran torturas a los cuerpos de jóvenes, y haciendo uso de un montaje que acentúa el punto de vista subjetivo de los libertinos pero, a la vez, corresponden al punto de vista del espectador como testigo presencial.

Estas escenas están presentadas desde una cámara subjetiva que sitúa al público como parte de los toturadores, es más, el uso del silencio en estas escenas acentúa la distancia, y por lo tanto exacerba el sentimiento de impotencia ante dichos acontecimientos. Es un doble juego, adentro del filme los que ven disfrutan de la tortura, pero el público, los que están afuera deben observar alejados, inmóviles y en silencio los hechos que transcurren ante sus ojos. Es aquí cuando se crea el sentido estético del filme: somos capaces de reconocernos mediante imágenes, como espectadores, la empatía es ineludible tanto en las víctimas, como victimarios (en silencio y a distancia), el discurso poético que se establece entre Sade y Pasolini deviene en acciones presentes en el montaje. A Pasolini se le atribuye el darle importancia a la acción como lenguaje de la realidad y en Saló el lenguaje fundamental es el de los signos de lo corpóreo, lenguaje que cualquier persona comprende sin mayor problema ya que es usado cotidianamente. Si por definición la semiología estudia los signos en la vida social y el cine utiliza estos mismos signos para su construcción, es válido decir que: la semiología del cine es una semiología total de la realidad.

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