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Una mirada a la dramaturgia clásica y su recepción

Domingo 14 de diciembre de 2008, por Coro de Babel

El texto para Patrice Pavis, no debe entenderse como objeto computable, ya que en vano se procuraría separar materialmente las obras de los textos. Lo peor seria clasificar diciendo que la obra es clásica, o el texto es de vanguardia, digamos que no se trataría de establecer un nombre, o título a una lista que declare in a ciertas producciones literarias y out a otras en consideración en su situación cronológica, es decir, puede haber texto en una obra muy antigua, y muchos productos de la literatura actual no son, en nada, textos, es por ello que el texto es un campo metodológico, es decir, la obra o el texto no son antiguo versus moderno, pasado de moda versus vanguardia, son ante todo textuales, y eso en función de diferentes variaciones de sus instancias productivas y sobre todo respectivas.

El texto clásico parece simple y sencillo a primera lectura, pero se vuelve muy complejo cuando se emprende una relectura a no estar satisfecho con su primera significación literal por no decir austera. Todo texto es difícil, ya que le exige al lector un reconocimiento de distintas zonas, de las ambigüedades y de las contradicciones, el mismo texto da a lugar de lecturas divergentes, pasando por diversos escenarios o contextos sociales, estados psicologistas, etc.

El texto clásico se puede decir que es habitualmente ideológico, detrás de una fachada homogénea de una fábula clara y apasionante, de una escritura que evita toda caída de tensión en los diversos discursos de los locutores, oculta códigos y mecanismos que lo mantienen vivo, pero lo acabado de esa escritura hace olvidar dichos códigos de su producción. Todo trabajo sobre la forma de enunciación escénica, como los códigos de la ironía barroca, retórica o cantada, conduce a una ardua investigación casi arqueológica sobre la obra. Pero los clásicos en los textos traducidos pierden el sentido completamente, destruyendo sectores enteros de una enunciación y significación. Yendo vertiginosamente ahora si a lo que se denomina la nueva escritura dramática, el dialogo conversacional se encuentra desterrado de las escenas como el remanente de una dramaturgia del conflicto y del intercambio, la historia, la intriga o la fábula.

El texto dramático ha llegado a ser de tal complejidad, que su receptor procura orientarse en el laberinto de distintos significantes sin que jamás pueda reducirlos a un significado, a una comunicación. Se revela entonces, no la comunicabilidad del sentido, si no la opacidad irremediable en el seno del lenguaje mismo, el desafío lanzado a una ciencia o a una semiología de la comunicación.

La concientización y la buena comprensión siempre dependerán de una buena recepción, el lector no hace un gran esfuerzo en ese caso por determinar las acciones, los personajes, la lógica del relato, ni que hablar de la lengua clásica que impone su desciframiento casi escalonado y que exige diferentes lecturas para poder comprender los elementos que en el tiempo han cambiado en una gran totalidad.

Por Fernando Zabala

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